En su forma habitual, un mapa es la representación de un
territorio: un artificio visual que refleja propiedades,
relaciones, contigüidades físicas –datos del espacio- me-
diante símbolos abstractos. Esta representación espacial
se plasma sobre una superficie no más gruesa que el papel o
sobre la todavía más fina pantalla LCD. A menudo un mapa es
el rasgo más perceptiblemente real del espacio que des-
cribe. ¿Cómo si no podríamos representarnos visualmente
el metro de Londres?
Las propiedades, relaciones y contigüidades -el espacio-
de las obras comisariadas en Feedback forman un paisaje
ya hecho abstracto. Pero, ¿será posible invertir el pro-
cedimiento de cartografiado? ¿Podríamos utilizar un mapa
para crear el espacio y la topología del arte? ¿Cómo se
inscribiría ese mapa dentro del inmenso volumen de LABo-
ral? ¿Cambiará eso el formato final de la exposición?
EL PLIEGUE
EL PLIEGUE
Una característica que ha estado durante largo tiempo
asociada a los modernos y populares mapas de papel es que
están plegados, lo que los convierte en transportables.
Grandes extensiones geográficas y, por tanto -en sentido
abstracto- de espacio que caben en un bolsillo con sólo
doblar la fina superficie del mapa sobre sí mismo. Un acto,
ese de plegar, que aporta mutabilidad a la comprensión
que el lector del mapa tiene del espacio cartografiado. La
condición plana del mapa puede alterarse para contrastar
a cada paso abstracciones y realidad.
¿Puede la tensión entre el mapa bidimensional y el espa-
cio tridimensional conformar la estructura del espacio
expositivo? ¿En qué momento adquiere un mapa una inmedia-
tez mayor que el espacio que representa? ¿Se podrá tam-
bién plegar ese nuevo mapa espacial de la exposición?
AQUÍ ES DONDE ESTÁS, ¿NO?
Los mapas son instrumentos que ofrecen a sus lectores la
posibilidad de concebir nuevas relaciones mediante la
percepción aumentada del espacio real. Pero no hay que
seguir siempre los mapas ya que las relaciones que des-
criben pueden pecar de ambiguas.
La arquitectura expositiva de FEEDBACK pone a prueba to-
das las preguntas anteriores. Una superficie plana inserta
en el volumen de LABoral. Mediante un proceso de plegado
estudiado meticulosamente, se ha manipulado la superficie
para alojar en ella los soportes específicos de cada obra
de arte, sean imágenes proyectadas, monitores, objetos
o impresiones, y todo con el propósito de estimular en
el visitante una dérive situacionista, un impulso parti-
cipativo usando para ello el propio entorno de la sala
desencadenando vínculos, nuevos o ya existentes, entre
las obras. Arrugando, enrollando, cortando, volviendo,
plegando y desplegando esta superficie única, el mapa es
el nuevo espacio de la sala, con las obras marcadas sobre
la fina piel y en algunos casos dentro de ella.
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