Redibujar el entramado urbano

por José Luis de Vicente y Fabien Girardin

En la segunda década del siglo XXI, la ciudad, el modelo de organización comunitaria por excelencia, se encuentra en una curiosa encrucijada. Olvidadas las primeras profecías digitales que pronosticaban que el auge de lo virtual las haría prescindibles, su vigencia está fuera de toda duda. Todos los días miles de personas abandonan el medio rural y se vuelven urbanitas, alimentando a grandes megalópolis que alcanzan niveles de población equivalentes a naciones enteras del siglo pasado. Distribuidas sobre todo por el sur global, casi 20 ciudades alcanzarán los 20 millones de habitantes en el siglo XXI.

Por primera vez en la historia, hay más habitantes en la tierra viviendo en ciudades que fuera de ellas; la transformación del hombre en una especie eminentemente urbana se está completando. Y sin embargo, las ciudades contemporáneas distan mucho de ser espacios idílicos.

Sus infraestructuras apenas soportan el peso de una población altamente móvil y con insaciables necesidades de consumo. Su bienestar depende del funcionamiento fluido de redes de transporte y suministro que se han vuelto cada vez más inestables. Y su creciente diversidad cultural ha venido acompañada de tensiones sociales y desigualdades económicas crecientes. En las grandes urbes emergentes, los iconos arquitectónicos más deslumbrantes proyectan su sombra sobre grandes extensiones de chabolas.

En una era marcada por crisis sistémicas como el calentamiento global o el fin de los combustibles fósiles, las nuevas urbes se enfrentan a transformaciones necesarias y obligadas. Pero para superar estos desafíos, la mayoría de los recursos con los que cuentan proceden del siglo XX.

En las últimas tres décadas, sin embargo, algo cambia en el sistema nervioso y circulatorio de la ciudad. Sus infraestructuras físicas empiezan a verse complementadas, gobernadas e incluso sustituidas por sistemas de información.

Al mismo tiempo, el “ordenador” comienza a fundirse con el tejido de la existencia urbana, alterando nuestra vivencia de la ciudad y, muy especialmente, influyendo en la organización de la vida cotidiana y de las interacciones sociales.

 

De la arquitectura nómada al urbanismo en red

Uno de los relatos posibles para explicar la evolución del pensamiento arquitectónico y urbanístico desde la segunda mitad del siglo XX a la actualidad es el de su progresiva desmaterialización. La ciudad pasa a ser vista cada vez menos como un espacio construido y cada vez más como el conjunto de procesos dinámicos y flujos humanos que suceden sobre su infraestructura física. A medida que los arquitectos se distancian del plano y se acercan a la palabra y la narración como material de trabajo, su producción se mide más en ideas que en estructuras. Después del situacionismo y la deriva, el urbanismo se aleja de la planificación de lo físico y se preocupa cada vez más por capturar las cualidades más invisibles e intangibles de la condición urbana.

Ya en la década de los sesenta del pasado siglo, arquitectos utópicos y radicales previeron que las ciudades del futuro no sólo estarían hechas de cemento y ladrillo, sino configuradas también por bits y por flujos de información; que el urbanita se convertiría en un nómada habitante de un espacio en constante flujo que muta en tiempo real.

Nueva Babilonia, todo un plan urbanístico para el futuro del arquitecto situacionista Constant Nieuwenhuys, presenta un espacio que carece de centro, porque es modular, permamentemente extensible, y sin eje radial organizativo. Casi al mismo tiempo, el arquitecto galo-israelí Yona Friedman plantea en su Manifiesto de la arquitectura móvil otra utopía liberadora en que la ciudad no se organiza por los usos acotados del espacio. Su Spatial City [Ciudad espacial] es un sistema operativo urbano en que los propios ciudadanos diseñan, construyen y modifican configuraciones temporales que viven sólo mientras se adaptan a sus necesidades. Friedman plantea un experimento en arquitectura móvil; pero su arquitectura móvil no pretende que la ciudad sea móvil, sino que reconoce que los ciudadanos lo son. Su ciudad es un conjunto de infraestructuras que “no están determinadas” y “no son determinantes”.

Pero quizás los nombres más evocados hoy para explicar la conexión entre arquitectura utópica y un nuevo urbanismo digital sean los del colectivo británico Archigram y su mentor, Cedric Price.

En sus proyectos, Archigram busca desarrollar una arquitectura del gesto, del comportamiento. Este gesto funcionaría como activador de funciones en un espacio, de la misma manera en que activamos comandos cuando seleccionamos los iconos de una interfaz de usuario gráfico digital. Para dar soporte vital a sus ciudades efímeras y regenerables, Archigram comienza a pensar en la importancia de las infraestructuras de la información.

Plug-in City, uno de sus primeros proyectos, muestra una ciudad ensamblable y reconstruible con elementos de soporte como andamios y grúas, que siempre son visibles porque son infraestructura operativa de la ciudad. La “ciudad que se enchufa” mantiene una vinculación clara con uno de los proyectos no realizados más influyentes en la segunda mitad del siglo XX: Fun Palace de Cedric Price, un edificio mutable, sin función única predeterminada, donde los usuarios son los que diseñan y construyen tanto su forma como las actividades que alberga. Price se acerca a la teoría de sistemas y la cibernética para plantear que el input del comportamiento de los usuarios sea el que defina el edificio; abre las puertas a una relación completamente distinta entre el espacio y los que lo habitan.

En una era en la que las redes de información gobiernan tantas funciones de la ciudad, sus visiones adquieren un nuevo significado. El poder de medir, analizar y representar la información se funde con los objetos y con la superficie que nos rodea, transformando el sentido del espacio y las relaciones. La consecuencia es que ya no es posible entender y diseñar las ciudades como meros espacios físicos.

De las tecnologías para refugiarse a la inteligencia espacial

La digitalización de la ciudad deviene parte de un proceso creativo de toma de decisiones que se traduce en forma construida. Por ejemplo, se utiliza el Building Information Modeling (BIM) para integrar procesos de diseño complejos que implican a múltiples partes, despojando a arquitectos y urbanistas de la condición de únicos “constructores maestros” del paisaje urbano. En efecto, en la actualidad, surgen nuevas prácticas que adoptan metodologías emergentes de inteligencia espacial, que doblegan lo físico con nuevas medidas, representaciones y mapas de dinámicas urbanas que exigen una comprensión técnica y conceptual de la que esas disciplinas carecen. El resultado es que el hueco lo llenan nuevos agentes conformadores de la ciudad: operadores de telecomunicaciones o empresas de hardware y software, pero también diseñadores y artistas.

En el marco de sus investigaciones, miembros del MIT SENSEable City Lab han desarrollado unas representaciones que cartografían la vida de la ciudad ampliando nuestra conciencia colectiva del entorno urbano como organismo vivo. Su proyecto RealTime Rome pone en el mapa datos agregados de actividades en red desde teléfonos móviles, autobuses y taxis de Roma, para una mejor comprensión de las dinámicas urbanas en tiempo real. Al revelar el pulso de la ciudad, el proyecto aspira a demostrar que la adquisición y dispersión de la información urbana facilita una novedosa información de los patrones de movilidad, dando paso a la posibilidad de reducir las ineficiencias de los actuales sistemas urbanos y de proporcionar herramientas para un futuro sostenible para la ciudad. La superposición de información de la movilidad sobre referencias geográficas y socioeconómicas desvela las relaciones que se dan entre los elementos urbanos fijos y los que fluyen. Esos mapas en tiempo real nos ayudan a comprender cómo se utilizan los barrios en el transcurso del día, la correlación que existe entre la distribución de autobuses y taxis y la densidad de las personas o cómo se distribuyen bienes y servicios por la ciudad.

En consecuencia, las perspectivas de la urbe como un conglomerado histórico de construcciones e infraestructura se ven aumentadas por unas visiones dinámicas de la ciudad con sus redes de información, tecnologías móviles, movilidad creciente de los ciudadanos y presencia de parámetros medioambientales, como la calidad del aire, los niveles de ruido o los factores de estrés. La apertura del acceso a esos datos urbanos hace que el poder de la información pase a manos de los individuos. El proyecto In the Air, de Nerea Calvillo y sus colaboradores, representa la emergencia de procesos abiertos de abajo a arriba que reúnen a jóvenes arquitectos, diseñadores y desarrolladores de software en una colaboración conjunta para proponer una plataforma que haga visibles los agentes microscópicos e invisibles del aire de Madrid (gases, partículas, polen, enfermedades, etc) para observar cómo se comportan, reaccionan e interactúan con el resto de la ciudad. La comunicación de esos datos adquiere forma digital y física con una “fachada difusa”, un indicador masivo de los componentes del aire a través de una nube cambiante, difuminando la arquitectura por vía de la atmósfera que ha invadido y mediatizando la actividad de los participantes a los que envuelve.

Estas arquitecturas blandas e invisibles dan forma a unos entornos sensibles y reactivos dotados de unas capas informacionales integradas en el diseño real del espacio físico. Por ejemplo, en su obra Wi-Fi Structures and People Shapes, Dan Hill analiza cómo se cartografía la variabilidad de la señal inalámbrica en el uso informal del espacio. Sus dibujos revelan cómo los usuarios han adoptado el espacio inalámbrico y el mobiliario que se les proporciona.

Un catálogo de escenarios de diseño

El proyecto Habitar propone un recorrido por esos escenarios urbanos emergentes. Consiste en un catálogo tridimensional con propuestas e imágenes de artistas, estudios de diseño y de arquitectura y también de centros de investigación híbridos y media labs, que ofrece una visión de las prácticas, herramientas, soluciones y lenguajes que se están desarrollando para ir sorteando la existencia cotidiana en este nuevo desafío urbano.

Mediateca Expandida. Habitar
27
May
2010
8
Nov
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