Val del Omar, un río cuya alegría es derramarse

Un recorrido por algunas de las razones que hacen fascinante la obra del cinemista y que invitan a visitar la exposición recientemente inaugurada en LABoral

Published: 28/09/2015
Val del Omar, un río cuya alegría es derramarse

José Val del Omar, Diakina de la serie Maniquíes, ca. 1977-1982. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. © Archivo María José Val del Omar & Gonzalo Sáenz de Buruaga

Por Laura Cano (@Via_di_uscita), La Caja Revuelta.

Parece fácil escribir sobre alguien a quien admiras. Debería serlo ya que conoces más a fondo su obra, su vida, los detalles del mapa geográfico-psicológico que has trazado en tu cabeza y que hacen de esta persona alguien más humano, cercano, lejos del mito. Al menos eso es lo que me ocurre a mí con José, pero al contrario de lo que pensé en un primer momento, este artículo se ha convertido en un auténtico reto: ¿cómo transmitir la fascinación sin caer en la repetición, en la pesadez, en lo obvio? ¿Cómo escribir sobre alguien del que han escrito, aún poco pero muy bien, expertos como Bonet o Erice?

Del vértigo también se aprende y, después de darle muchas vueltas, dedicí que el talento de Val del Omar fue tan enorme y notable que me será imposible dibujarlo, así que solo puedo dar razones por las que el cinemista me fascina y fascina a todos aquellos que llegan a conocer su obra. Son las siguientes:

 

1. "No estoy. Me desvivo y soy".

Hay personas con una imaginación desbordante, visionaria y de generosidad inmensa. Val del Omar fue exactamente este tipo de persona. Un hombre capaz de hacer magia. Su tenacidad y su fe ciega en lo que hacía, en lo que quería transmitir a los demás, hicieron de su vida una eterna búsqueda que encontró en lo artístico su válvula de escape.

Nacido en Granada 1904, en los años 20 viajó a Francia, dejando que calaran en su imaginario las corrientes artísticas que, en ese momento de ebullición total, se estaban dando en el país vecino. Su capacidad creadora se deja ver en esta temprana madurez pues a sus 25 años ya está metido de lleno en su experimentación artística/cinematográfica. Es en este momento cuando lanza sus primeros inventos: la “óptica temporal de ángulo variable”, que unos 30 años más tarde conoceremos con el nombre de "zoom"; la "pantalla cóncava apanorámica", sistema de proyección que desborda la pantalla; y el "cine relieve", que más tarde llamaría "tactilvisión", y que es un recurso técnico que utiliza luz pulsada para dar relieve a los objetos filmados.

Durante toda su vida, Val del Omar va a inventar recursos técnicos, no solamente en el plano de lo visual, también en lo sonoro, que tienen una finalidad clara: no es la experimentación formal en sí misma lo que le interesa, es por ello que algunos de los expertos que han escrito e investigado sobre él quieren quitarle la etiqueta de "cine experimental"; su máximo interés es poner la técnica al servicio de su misión cinemista (cineasta+alquimista). Porque su cine es un arte total, concepto que desde las óperas de Wagner se ha venido planteando en diversas corrientes artísticas, y que muy en la línea de éste, podría ser la más elevada y compleja forma de expresión de instintos y sentimientos, que combina diversos medios que apelan a todos, o la mayoría, de los sentidos.

Su cine pretendía ser una obra inmersiva, anticipándose quizá a la realidad virtual. Un cine que habla de tú a tú con el espectador (al que se dirige como prójimo), porque reclama la atención de los instintos, convirtiéndolo así, en universal. Un cine capaz de hacernos ver lo verdadero y auténtico de aquello que nos rodea, donde las caras o las esculturas dejan de serlo para ser idea, elemento, esencia.Val del Omar es un místico fuera de lugar. Un místico no religioso, sino poético, que en la complejidad de su obra quería reflejar lo esencial, lo inmenso, lo sublime, conceptos todos que danzan en conjunción con el universo y con cada uno de nosotros.


 

 

2. “Yo quería fugarme del negro de los libros. Quería irme hacia la imagen luminosa. Como las mariposas son atraídas por la luz”.

Durante los años 30, José se unió a las Misiones Pedagógicas. Proyecto puesto en marcha por la Segunda República que viajó a lo largo y ancho de la península a modo de "escuela ambulante". Los misioneros, personajes relevantes de la cultura del momento como Cernuda, María Zambrano, Federico García Lorca, con el que sostuvo una gran amistad, llevaron a los pueblos y aldeas del país libros, películas, obras de teatro y actividades culturales con la intención de democratizar la cultura y hacerla llegar al pueblo más arraigado a la tierra, empobrecido y apartado de los centros donde se gestaba la cultura del momento.

Durante los años en los que participó, del 1932 a 1937, su principal función fue la de proyeccionista, actividad de la que dejó constancia en un gran número de fotografías. Las caras de esas personas, de los niños sobre todo, de alegría, descubrimiento, asombro, le convencieron definitivamente del verdadero poder del cine. Es más, llegó a considerarlo el último y revolucionario dispositivo pedagógico, democrático y esencial. En una conferencia dirigida en 1932 a los maestros de la Institución libre de enseñanza, decía:

"¿Se puede librar al educando de la educación consciente? ¿Se pueden distinguir, armonizar, las actividades perceptivas y aperceptivas? ¿Puede el maestro colaborar en la formación de la criatura sin aprisionar sus impulsos entre símbolos y normas, sin matar su conciencia creadora? ¿Se puede poner en marcha a cada uno en su camino? ¿Es posible educar el instinto? ¿Se puede uno comunicar con el ser humano por un conducto que escape a la revisión de nuestra conciencia? Maestros, educadores, yo creo que sí, yo afirmo que sí, yo os aseguro que las máquinas que responden a un principio de automatismo, a un principio de economía en nuestro aparato psíquico han obrado el milagro. Y os digo más; yo que conozco esas máquinas he de ponerlas en práctica de este alto servicio."

Es pues el cine, que solo existe a través del uso de esas máquinas que él tan bien conoce o inventa, la gran revolución para la educación y para la vida. En este periodo que acabó bruscamente con el inicio de la Guerra Civil, filmó más de cuarenta documentales de los que poco se conserva hoy en día.

 

3. "La técnica no es ajena a la creación poética y debe ser plenamente dominada para que germinen y florezcan las ideas. la técnica es una cristalización que debe ser fiel a la estructura de la sustancia."

Los inventos de Val del Omar se desarrollaron en diversos campos: aparatos electrónicos para la proyección o el rodaje, metrajes, sonido, iluminación, e incluso un vocabulario propio inventado para dar sentido y coherencia a toda su creación. Estas nuevas palabras ideadas por él, normalmente creadas a partir de la conjunción de dos palabras ya existentes como mecamística (mecánica+mística) o aprojimarse (aproximarse+prójimo); neologismos como cinegrafías para referirse a sus documentales; o palabras ya existentes a las que dará un nuevo significado como "elementales" para nombrar el género de sus películas, nos revelan una concepción idealista del cine, que es el medio más indicado para llegar a lo inefable.

En cuanto a los inventos técnicos además de los ya señalados anteriormente, hay que pararse en sus aportaciones en el campo del sonido. En los años de dictadura, en los que frenó su actividad como cineasta y trabajó al servicio del régimen (Unión Radio de Madrid o Radio Mediterráneo en Valencia), desarrollaría uno de sus más significativos inventos: la diafonía, que consistía en la colocación de dos fuentes de sonido en la sala de proyección, una delante sobre la pantalla por el que se escucharía el sonido "objetivo" del film, y otra a espaldas de los espectadores, desde el que se escucharían los sonidos "subjetivos" (ruidos, efectos, etc) de la cinegrafía, y que chocarían en el patio de butacas consiguiendo, junto con las imágenes desbordadas, un verdadero efecto envolvente.


José Val del Omar, Laboratorio PLAT (1975-1982). Vista de su ubicación original. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Foto: Raúl Lorenzo Cano. © Archivo María José Val del Omar & Gonzalo Sáenz de Buruaga

Los últimos años de su vida, tras la muerte de su esposa, se convertirá prácticamente en un asceta. Cambiará de casa en Madrid, y se establecerá en un sótano donde construirá PLAT: Pictórico-Lumínico-Audio-Tactil, es decir, su laboratorio, el lugar en el que poner en práctica todos sus experimentos cinematográficos, en el que además, vivirá.

 

4. "Pretendo comunicar la sensación insólita de estrenar sentidos."

Así es, porque el cine de José Val del Omar está ideado para los sentidos y para los instintos. Sus obras, pequeñas en cantidad pero grandes en importancia, transcienden su propia época. Es el puente entre las vanguardias de los años 20 y el nuevo cine underground de los años 60.

Sus cinegrafías más significativas son las que componen el Tríptico Elemental de España: Aguaespejo Granadino (1955), Fuego en Castilla (1960) y Acariño Galaico (1961). Este tríptico debía ser precedido por Ojalá, en el que se plantearían las claves para entender el conjunto de obras pero que lamentablemente no llegó a realizar. Además, él mismo renunció a finalizar Acariño Galaico dada la intensidad que había alcanzado en su concepción. No será hasta años más tarde, en 1995, cuando Javier Codesal decida reconstruir y acabar la obra siguiendo las cintas y anotaciones que sobrevivían en su taller.


José Val del Omar, Aguaespejo granadino, 1953-1955, captura de película. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. © Archivo María José Val del Omar & Gonzalo Sáenz de Buruaga.

El Tríptico Elemental es una declaración de intenciones y el resumen visual de toda su teoría. Imágenes que casi consiguen alcanzar las 3 dimensiones gracias a la TactilVisión; sonidos diafónicos que rodean al espectador y lo atrapan (obviamente, no perfectibles en las copias en vídeo), mezcla de imágenes en color, blanco y negro, en negativo y positivo, que desconciertan y evitan la narratividad; música tradicional como flamenco o piezas de Falla, ruidos o solamente compás; poesía propia o prestada por poetas como Lorca; personajes de la calle, actores improvisados o esculturas de Berrugue o Juni; "elemental" por los elementos que representaba cada uno de los documentales: agua, fuego y barro o tierra (este último en Acariño Galaico que primero quiso ser aire). Estos tres vórtices estaban destinados a trazar un recorrido emocional por la península, de norte a sur (en sentido inverso a su realización).

 

5. "El que ama, arde. Y el que arde, vuela a la velocidad de la luz. Porque amar es ser lo que se ama."

Val del Omar amó profundamente su obra y también a su familia. Resultado de este amor son los documentales en los que filmó escenas familiares llenas de ternura y cariño. El beso que se da con su mujer en La Mayor Transferencia, es en mi opinión, uno de los besos más bellos del cine. Miradas de complicidad, risas nerviosas, abrazos, palabras que no escuchamos... Es el beso que todos queremos recibir al menos una vez en la vida. Un beso que desborda la pantalla y esta vez no por la técnica sino por el amor que desprende.


La Mayor Transferencia [El Beso] from Val del Omar on Vimeo.

 

Sin el apoyo de su familia, ni Val del Omar ni su obra hubieran sobrevivido. El archivo creado por su hija María José y su yerno, Gonzalo Sáenz de Buruaga, ha hecho posible la difusión de su legado. Dicen que María José sostuvo económicamente en muchas ocasiones los proyectos de su padre, sus viajes a festivales, su vida, al fin y al cabo, ya que el gobierno franquista le ignoró muy habitualmente, negándole un apoyo que le resultaba indispensable para seguir investigando y creando. Aún así, los éxitos cosechados por el cinemista no fueron pocos: Festival de Cine Experimental de Bruselas 1953, Berlín 1956, Cannes 1958, Bilbao 1961 (Medalla de Plata), Concurso de Cine Experimental de la Universidad Autónoma de México 1960 (Primer Premio), Cannes 1961 (Mención de la Comisión Superior Técnica de la Cinematografía Francesa), Melbourne 1962.

 

6. La Mecamística.

La exposición que puede visitarse en LABoral, comisariada por Cristina Cámara conservadora de cine y vídeo del MNCARS y gran conocedora de la obra del creador, estará abierta hasta enero de 2016, y nos ofrece un recorrido por las piezas de Val del Omar desde el concepto de mecamística. Quiere mostrarnos sus inventos, su legado material pero sobre todo pretende transmitirnos la parte más espiritual, mística y artística de su obra. Esta muestra itinerante corresponde con lo expuesto en el Reina Sofía desde 2012 en 6 de las salas dedicadas a la colección del museo. En ella el visitante puede adentrarse en el fantástico mundo de José gracias a las fotografías, collages, dispositivos, manuscritos, películas y a la genial reconstrucción de su laboratorio, PLAT.

Es una oportunidad única de acercarse a este genio del arte del siglo XX, tan desconocido como brillante, conociendo y re-conociendo su maestría. Si nunca habías oído hablar de él, te entusiasmará porque a todos los que hemos llegado a su obra, a él, nos ha hipnotizado. Si ya lo conocías, es una ocasión perfecta para comprender mucho más de cerca la transcendencia de todo lo que ingenió y quiso comunicar.


José Val del Omar, Dibujo para los títulos de crédito de Aguaespejo granadino, 1953-1955. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. © Archivo María José Val del Omar & Gonzalo Sáenz de Buruaga

 

REFERENCIAS:

1. Erice, Víctor, El llanto de las máquinas. Ínnsula Val del Omar (Visiones en su tiempo, descubrimientos actuales), coord. G. Saénz de Buruaga. Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Semana de Cine Experimental, Madrid, 1995.

2. Bonet, Eugeni. Amar : Arder. Candentes cenizas de José Val del Omar. Revista Trafic, nº 34, verano 2000.

3. Russo, Eduardo A. Conjeturas sobre José Val del Omar El que ama, arde. De la pantalla al arte transgénico, edición de Jorge La Ferla. Buenos Aires: Universidad de Buenos Aires - Libros del Rojas, 2000.

4. Val del Omar, José. Sentimiento de la Pedagogía Kinestésica (Sedimento emocional de mis experiencias), junio 1932. Fuente: Gonzalo Sáenz de Buruaga / María José Val del Omar (ed.), Val del Omar sin fin. Granada: Diputación de Granada, 1992.

5. Val del Omar, José. Manifiesto de la Asociación Creyentes del Cinema, Madrid 1935. Fuente: Gonzalo Sáenz de Buruaga / María José Val del Omar (ed.), Val del Omar sin fin. Granada: Diputación de Granada, 1992.

6. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (sitio web). Consulta 25-09-2015.

7. Val del Omar (sitio web). Consulta 25-09-2015

*Algunas de las citas que sirven de títulos a los capítulos de este texto, han sido extraídas de la fanpage de Facebook sobre Val del Omar.

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